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Blog De la Calle: Patear y que se les caiga...

Blog De la Calle: Patear y que se les caiga...

El 20/11/2018 a las 14:47Actualizado El 20/11/2018 a las 15:13

La vieja receta del rugby actualizada por los irlandeses con una presión brutal les permite derrotar a una Nueva Zelanda que sufre en partidos de pocos puntos.

Los test de otoño suelen ser utilizados como termómetros para calibrar el estado de las selecciones en sus enfrentamientos ante las naciones de otros hemisferios. Con más meticulosidad incluso cuando se celebran a meses de la disputa de una nueva Copa del Mundo el próximo mes de septiembre en Japón. Por alguna razón la ventana de noviembre siempre ha tenido más resonancia que la de junio, momento en que los del norte devuelven la visita.

Este año Nueva Zelanda, que llegaba de un Championship en el que había dejado algunas dudas tras su doble enfrentamiento con Sudáfrica (una derrota en casa y un ajustado triunfo fuera), era la pieza más preciada para cobrarse. Ingleses e irlandeses aspiraban a derrotarla para cargar de moral sus mochilas y disparar sus expectativas de cara el Mundial. Los primeros no lo lograron pese a estar muy cerca planeando un partido con más trampas y señuelos que el de los irlandeses, que propusieron un duelo a pecho descubierto que resultó ser una batalla física descomunal.

Los irlandeses rompieron uno de los tabús extendidos desde siempre en el mundo del rugby: a los All Blacks no se les patea porque te contragolpean y atacan con pelotas recicladas. Pero Joe Schmidt, neozelandés y desde ya serio candidato a suceder a Hansen después de Japón si este lo deja, ordenó patear. Rescató aquella vieja receta de "nosotros a patear y que se les caiga" y la actualizó midiendo perfectamente los timing y generando una presión salvaje a los receptores. Schmidt no ordenó un pateo ocasional para sorprender al back three adversario. Ordenó un pateo copioso entre las patadas a la caja de Marmion, los garryowen de Sexton, las patadas a los espacios de Aki, las rasas de Ringrose, los chips de Stockdale (como en el ensayo)... Un catálogo de kicking game que elevó la cifra hasta ¡30 patadas!

La idea de origen parece clara. Nadie gana a los All Blacks jugando a ser más All Black que los All Blacks. Por eso los irlandeses eligieron irse a jugar a campo contrario y poner toda la presión en cada punto de contacto. Obligaron a los All Blacks a entrar en su juego sometidos por el contexto del partido. Un duelo táctico y muy europeo alejados de las orgías del Súper 15 y del Championship. Partido sin espacios, jugado en el campo de los de Steve Hansen, en que McKenzie y Ben Smith se pasaron medio partido descolgando incómodas patadas en su 22 mientras les castigaban los lumbares cada vez que pisaban tierra. Andy Farrell, el padre de Owen, versado en el mundo del contacto debido a su estancia en el Rugby League, desplegó un plan intachable para gobernar el breakdown ante los mismísimos All Blacks.

Irlanda no solo monopolizó la posesión como recurso defensivo (terminó el partido con más posesión y ganó la territorialidad), además y sobre todo llevó el partido al único contexto en el que se puede ganar a Nueva Zelanda: a un partido de resultado bajo. Ante Inglaterra los kiwis anotaron un ensayo, por medio de Damian McKenzie, para remontar un 15-0 y terminar ganando 15-16. Frente a Irlanda no lograron posar ninguno, algo que no pasaba desde hace 17 meses cuando los British & Irish Lions dejaron a cero el casillero de conquistas neozelandesas en el segundo partido de las series. Nueva Zelanda terminó el choque del Aviva con 9 puntos, tres patadas. Hacía 96 partidos y 85 meses, desde que ganaron la final de su Mundial en 2011 a los franceses (8-7), que no registraban un marcador tan exiguo.

Se marchaba pensativo Hansen del estadio que conoció como Lansdowne Road en su etapa de seleccionador galés. Quizás pensando en ese dato inquietante que ha puesto en valor la prensa de su país: un ensayo en 160 minutos. Una producción ofensiva realmente pobre para una majestuosa máquina de generar rugby como son los All Blacks. ¿Razones para ello? Evidentemente el buen trabajo táctico y de scouting de los rivales, y también que probablemente no se valore lo suficiente la diferencia de calendarios del sur y el norte al asomarse a esta ventana de noviembre. Ellos viajan después de competir en el Cuatro Naciones y en el Súper 15, mientras el norte llega fresco a esta ventana. Apenas un par de meses compitiendo, piernas frescas, pulmones llenos y cabezas limpias. Justo al revés que cuando los europeos devuelven la visita en junio, partidos que en el Viejo Continente se relativizan con mucha más displicencia.

Sea como fuere, estos partidos otoñales deberían despertar cierta inquietud en las filas sureñas. Los All Blacks no han sabido leer las defensas y ejecutar con su habitual precisión quirúrgica el plan para desactivarlas. Sudáfrica sigue recomponiéndose, pero es evidente que ha bajado un escalón siendo tuteada por franceses y escoceses no precisamente en su mejor momento. La Australia de Cheika está muy limitada en ataque y lo pasa mal delante frente a selecciones con profundidad de banquillo. Y Argentina anda en proceso de reconversión con Ledesma tratando de recuperar una de sus señas de identidad, la melé, y con un juego intermitente en su línea que alterna chispazos brillantes con actuaciones vulgares como la del pasado sábado en Lille.

Nada hace pensar que los cuatro países del sur no vayan a estar peleando por entrar en las semifinales en Japón. Pero Irlanda se ha mirado tantas veces en el espejo de los All Blacks que se lo ha terminado por creer e Inglaterra es una animal herido con muchas e interesantes posibilidades, pese a que no llegará a Japón tan cohesionado como esperaban en la RFU. Por su parte Francia sigue siendo un equipo caótico en la planificación y en la propuesta más afín a Pretoria que a Toulouse. En estos momentos el Vasco López es el 'pivotal player', que dirían los ingleses. Pero la experiencia reciente nos dice que cuando aparezca Parra, o sin que aparezca incluso, todo puede cambiar y veremos qué Francia llega al Mundial, donde se verán las caras con los irreductibles Pumas y los ingleses.

El Noviembre rugbístico está resultando otoñal para el sur y primaveral para el norte. Como, por otro lado, podía suponerse por la carga que acumulan unos y otros. Nueva Zelanda necesita partidos copiosos, de ida y vuelta, con muchos puntos. Y Europa ha decidido sentarla a la mesa y hacerla pasar hambre. Esto es una buena noticia para el rugby, que verá como las expectativas están más abiertas para Japón, por más que los All Blacks sean los indiscutibles favoritos. Siempre y cuando les dejen jugar como All Blacks...

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