La jugada no ofrece dudas. Último ataque de la primera parte con Australia asomándose al balcón de la 22 neozelandesa con 8-3 en el marcador para los del helecho plateado. Una mala transmisión del talonador aussie provoca un robo de Sam Cane, capitán de los All Blacks, que antes de caer descarga sobre su compañero Jordie Barrett. Estampida kiwi que coge a la línea australiana desplegada en ataque, y por tanto mal posicionada en defensa. El pequeño de los Barrett gana metros antes de servir por el eje a Mo'unga nada más cruzar el mediocampo. El apertura gana metros fijando a los defensores aussies con apoyos por la lado abierto y cuando entra en la 22 wallaby se la entrega a Rieko Ioane que la recibe y entra como una exhalación en la zona de marca rival sin rivales ni nadie que le incomode.

El segundo centro kiwi lleva la pelota cogida de forma poco convencional, apoyada entre la palma de su mano y el antebrazo en una maniobra temeraria lejos de lo que dice la ortodoxia, que recomienda llevarla cogida con las dos manos por seguridad y para no dar pistas al contrario del flanco que se va a atacar. Para más inri el día está lluvioso y hace viento. Cuando Rieko cruza la línea de ensayo se agacha y en lugar de coger la pelota con las dos manos para posarla, despliega la mano como si se tratase de un brazo articulado sin tener cogida la pelota, porque la llevaba apoyada en el antebrazo, y antes de apoyarla en el suelo se le cae. Resultado: avant y ensayo anulado por TMO con toda la razón. Las caras de sus compañeros son un poema y en algún gesto incluso se adivina que no sorprende este desenlace tratándose del personaje en cuestión. Más de uno se retira al vestuario negando con la cabeza.

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Injustificable la maniobra de Rieko de una irresponsabilidad enorme que debería costarle una buena temporada en la nevera al neozelandés. Echaba por tierra el trabajo de todos sus compañeros por su gesto de suficiencia en un partido en el que los All Blacks sufrieron mucho y en un lance que resultó además decisivo, ya que el partido terminó en empate (16-16). Y gracias, porque con dos minutos sobre el tiempo, un golpe de castigo pateado por Hodge desde 50 metros se estampó con el palo y evitó la derrota kiwi.

La arrogancia de Rieko no extraña a muchos de los aficionados porque Ioane ha protagonizado episodios pocos decorosos en los últimos tiempos con la camiseta de su selección y de su club. Jugadas en las que desafiaba a los rivales hablando demasiado o dedicando gestos poco elegantes después de conseguir algún ensayo. El asunto es que este gesto que ha dado la vuelta al mundo, y que provocó que el nuevo seleccionador kiwi, Ian Foster, le mandase a la ducha nada más empezar la segunda mitad, es un gesto que cada vez se repite más en los campos. La celebración indecorosa de ensayos, costumbra más habitual con la llegada del nuevo siglo, ha convertido al inglés Chris Ashton en uno de los jugadores más odiados del rugby mundial con sus zambullidas en la zona de ensayo rival. Otro gesto intolerable que ha sido reprobado por rivales e incluso compañeros.

El rugby, fiel reflejo de la sociedad, está viendo como se pierde la humildad y el respeto y aparecen este tipo de gestos cargados de arrogancia y tremendamente deshonestos con el trabajo de los propios compañeros. El lucimiento personal no concuerda con el espíritu de equipo del rugby, en el que se trabaja para entregar al compañero la pelota en las mejores condiciones posibles. Eso hizo Sam Cane al descargar sobre Jordie Barrett, y este no quiso acaparar protagonismo pudiendo apurar la jugada, por eso se la entregó a Mo'unga, que corrió más de veinte metros y le regaló en ensayo a Rieko fijando al último defensor que había.

El rugby se ha llenado de Riekos, de Quades y de Ashthons. Exhibicionistas arrogantes que no respetan los códigos e hipotecan el trabajo ajeno por su lucimiento personal. A todos se nos puede caer una pelota. Pero perder un ensayo por un gesto arrogante como el de Rieko debería acarrear una sanción de los All Blacks. Porque en su gesto no hay infortunio, hay irresponsabilidad. Y eso no es tolerable.

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