Aunque en otros países los saltos de esquí son parte vital de su cultura deportiva, el aficionado medio español que se acerca a este evento lo hace generalmente por mera curiosidad. Es difícil no sentirla por una disciplina que combina esa estética tan majestuosa con el vértigo de ver a esquiadores surcando el cielo sin alas, capa, ni motor. Sin embargo, ese aficionado carece de referentes propios. Pero eso no fue siempre así.
A finales de los setenta, e impulsado por Jordi Aymat y Josep Serra, comenzaba un proyecto en el que estuvieron involucrados decenas de chicos que empezaron a formarse como saltadores de esquí, y que tuvieron en la estación de La Molina su principal base de operaciones. Los saltadores más destacados del grupo llegaron a disputar Copa del Mundo, Mundiales, Juegos Olímpicos y también, por supuesto, el Torneo de los Cuatro Trampolines.
El primero en disputar la mítica cita fue Tomás Cano en 1980. Después le tomaron el testigo José De Rivera y Ángel Joaniquet. Con este último charlamos recientemente en ‘Planeta Eurosport’ de su experiencia y de su libro ‘En un salto’. En él cuenta las dificultades de aquel grupo de deportistas que, sin apenas recursos, trataba de introducirse en una disciplina casi tan lejana a nuestra cultura deportiva como puedan serlo el sumo o el fútbol australiano.
PyeongChang
Kamil Stoch se resarce y revalida su título en trampolín largo
17/02/2018 A LAS 14:24
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El último representante de aquel grupo que luchó por hacerse un hueco en la élite de un deporte dominado históricamente por nórdicos y centroeuropeos fue Bernat Solá. El de Mataró disputó todas las grandes competiciones: dos Juegos Olímpicos, tres Mundiales, un Mundial de vuelo (en trampolín de 180 metros) y por supuesto, el Cuatro Trampolines. En 1990 Solá disputó su cuarto y último torneo al completo. El 6 de enero de ese año, la tradicional cita del día de Reyes de Bischofshofen, vio por última vez en acción a un español en el mítico evento. Acabó en el puesto sesenta. Tres meses después, y también con Solá como protagonista, esta vez en Planica, se acababa la participación española en la Copa del Mundo.
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En 1996 aquella ambiciosa aventura tocaba definitivamente a su fin. La Federación decidió no seguir invirtiendo en el proyecto pese a que había cantera con chicos que estaban haciendo resultados interesantes. A día de hoy no quedan saltadores españoles, ni siquiera ningún trampolín operativo. “No hay héroes de saltos de esquí en España y los niños no se sienten reflejados”, sentencia Joaniquet. Con este panorama resulta complicado que algún chaval trate de emular el ejemplo de este grupo de ‘marcianos’ que durante casi dos décadas quisieron hacer, e hicieron, historia de nuestro deporte.
José Manuel H. Tallada