¿Qué incita a alguien a lanzarse por un muro que levanta sobre su cabeza toneladas de agua y amenaza con engullirle poniendo su vida en peligro? Son los surfistas kamikazes, locos que se descuelgan con sus tablas para cabalgar monstruos de más de 20 metros en maniobras donde el miedo se mezcla con la adrenalina. Deportistas que pasan el año jugándose el tipo entre las Jaws de Hawai, los monstruos de Nazaré o “La Bestia” en la costa chilena.
Quizás tengan más glamour las olas de Tehaupoo o los Supertubos de Ericeira, pero estos cazarecompensas aterrizan en Nazaré cuando acaba el verano. Cuando el meteosat anuncia marejada, comienzan a desembarcar con sus largos tablones en este pequeño pueblo portugués que recoge el oleaje del Cañón de Nazaré, un pasillo submarino del Océano Atlántico Occidental donde se localiza una gran falla geológica con 170 kilómetros de longitud y 5 kilómetros de profundidad que canaliza el oleaje del Océano creando olas monstruosas, que convierten sus spots en los más seguidos del surf mundial a partir de noviembre.
La ola de Nazaré es una ola de playa que rompe de izquierdas y a derechas sobre un fondo de mar arenoso. La Praia do Norte es el escenario estrella de este templo de las olas XXL. Entre sus surferos más renombrados destaca el estadounidense Garrett McNamara, el primero y el único en la historia a surfear olas de tsunami creadas por los glaciares o en ser lanzado sobre una ola desde un helicóptero.
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El 1 de noviembre de 2011 McNamara, hawaiano de 44 años de edad, fue invitado por el Ayuntamiento de Nazaré al ZON North Canyon Show. El surfero trabajaba en el agua junto a sus colaboradores, Andrew Cotton y Al Mennie, cuando emergieron tres olas gigantescas en el horizonte. Cotton lanzó a Garrett con su moto de agua y este logró surfear durante 15 segundos la ola más impresionante documentada antes. Una ola de 23,77 metros que otorgó a la Playa do Norte, el ansiado récord. En medio de la fiebre por cabalgar monstruos XXL, Nazaré se coronaba como la capital de las olas gigantes.
McManamara vio cómo un año después le arrebataban el récord. Fue el surfero brasileño Carlos Burle, dos veces campeón del mundo de olas grandes y portador hace unas semanas de la llama Olímpica de Río frente a la arena de otra playa tan legendaria como Maracaípe. Burle apareció en los informativos de medio mundo surfeando una ola con una altura de 30,5 metros en Nazaré. El récord tuvo más repecursión porque horas antes, el propio Burle había salvado de ahogarse a su colega Maya Gabeira. En 2013 McNamara elevó el récord hasta los 32 metros, registro que se mantiene vigente a día de hoy.
Entre la tribu de cazadores de olas gigantes, además del estadounidense y de Burle, que ya había hecho historia en 2001 surfeando una ola de 22 metros en Mavericks (California), destacan el chileno Ramón Navarro, descubridor y el primero en surfear la legendaria ola bautizada como “La Bestia” en la costa chilena; el australiano Ross Clarke-Jones, primer surfer no hawaiano que logró vencer el torneo Waimea Bay; el veterano aussie Tom Carroll y un español, Axi Munain, el europeo con más nominaciones en el Billabong XXL.
Munian evolucionó del surf tradicional al free surf para acabar en el de olas gigantes. Su versatilidad le llevó en 2009 a ser el primer surfista de la historia en estar nominado en dos modalidades diferentes de los premios Billabong XXL, los Óscar del surf. Este amante del riesgo, la adrenalina y las situaciones extremas define así la sensación de subirse a monstruo de estas dimensiones: "Cuando consigues descolgarte en una gran ola, desde la cornisa, en ese momento de la bajada al vacío el tiempo se detiene, todos los sentidos se agudizan para la correcta ejecución, y es como si estuviera todo en blanco y negro".
El arrojo de Munian le llevó a ser el primero en surfear la ola imposible de Belharra, en la zona de San Juan de Luz. Es un experto surfer nocturno y ha descubierto al mundo las agresivas y excitantes de la costa da Morte gallega. Muniain explica que cuando te caes dentro de una ola, "en lo que nosotros llamamos una "comida", pasas de 20 a 25 segundos metido en una centrifugadora. Es el momento jodido, pero cuando crees que ya no te quedan fuerzas, aún tienes un margen guardado por explotar. Y es en ese margen en el que a mi me gusta trabajar".
Munian tiene un peculiar sistema de medición del tamaño de las olas: "A partir de 4 metros, empiezo a callarme y solo distingo entre: grande, muy grande y la madre del cordero…". Y la madre del cordero habita en Nazaré en noviembre, o en Hawai, donde emerge la ola Jaws, el llamado monstruo de Maui. No lejos de allí, en Pipeline, Phill Edwards y Bruce Brown descubrieron en 1961 una de las mejores y más peligrosas olas tuberas del mundo. Un pico de izquierdas que no llega a 50 metros, provocando una ola corta, intensa y letal, dada la cercanía de los arrecifes. Y el otro spot en este Grand Slam sería Mavericks, en California, con olas de hasta 15 metros de altura y 300 metros de recorrido. Sin embargo no son pocos los surfistas que se han dejado la vida en su arrecife submarino. Es el precio de cabalgar una XXL.
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