Echando un vistazo a los libros de historia, rápidamente podemos observar que el Open de Australia no es un territorio bienvenido para los españoles. Ni antes de la Era Open, ni después, ninguno de los nuestros fue capaz de reinar allí individualmente hasta que en 2009 Rafa Nadal colocara la bandera rojigualda en lo alto de la Rod Laver Arena. Tal era el despropósito que hubo épocas en las que ni siquiera presentábamos armas, aunque siempre algún valiente se animaba. La valiente de 2020 se llama Ane Mintegi Del Olmo, la única junior española que cruzó el océano índico el pasado mes de enero hasta pisar los cuartos de final del cuadro femenino. Allí se encontró con un golpe de calor que frenó su camino, pero su trayectoria ya invitaba a interesarse un poco más sobre ella, a seguir de cerca sus pasos. O mejor dicho, a recorrer cada kilómetro quemado desde que cogió por primera vez una raqueta.

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Sus inicios

El viaje de Ane comienza hace 16 años en Idiazábal, una localidad de la provincia de Guipúzcoa con algo más de 2.000 habitantes. En una primera impresión, no parecen los ingredientes idóneos para ver nacer a una futura tenista profesional, aunque el talento y la pasión nunca entendieron de geografía o costumbres. Sin embargo, la realidad nos decía que en Idiazábal no había ni una sola pista de tenis, así que nuestra protagonista comenzó aficionándose por otros deportes. Por ejemplo, pelota a mano, la modalidad más tradicional de aquel lugar. Casi obligada a jugar con los chicos de su edad, esa competitividad le fue llevando a otros niveles, a estar siempre un paso por delante del resto, así lo veían algunos de sus profesores, quienes afirman que prácticamente sobresalía en cualquier deporte que le hicieran practicar.

“Aquí no hay ninguna pista de tenis, el club más cercano es el Club de Tenis San Sebastián, que está a una hora de ida y otra hora de vuelta”, nos cuenta Jon Aranburu, vecino de Idiazábal. “Sí que hay lugares con más o menos espacios asfaltados, eso es lo más parecido a una pista que podíamos encontrar por estos pueblos, solo que había que pintar las rayas en el suelo y colocar una red en medio. Ahora en Ordizia ya tenemos alguna cancha de hierba artificial, pero estuvimos toda la vida sin accedo a ningún tipo de pista, por eso jugábamos al frontón”, destaca Jon, amigo cercano del hombre que terminaría por despertar en Ane el entusiasmo por el deporte de la raqueta.

Ese hombre se llama Antonio Sarasola y es la pieza clave para que toda esta historia tenga sentido. Aunque él viniera del baloncesto y fuera ya todo un veterano, su interés por el tenis le llevó en su momento a empezar a jugar e incluso impartir clase con los más pequeños. Sin cobrarles, simplemente por amor al arte. Se sacó de la manga un grupo de chavales y comenzó a entrenarles en canchas de baloncesto, lo único que había. En esos patios de colegio fue donde su camino se juntó con el de Ane, instante donde descubrió todo el potencial que aguardaba ante sí. “No tenía una planta espectacular, pero era fuerte y muy rápida. Venía de una familia muy humilde, así que tendría la necesidad de competir en numerosos torneos para ganar puntos lo antes posible y subir en el ranking”, comenta el técnico. El paso de los meses confirmó el potencial de Mintegi, tan grande que Sarasola dio por finalizada su etapa, ya no podía enseñarle más. Era el momento de que pasara a formar parte de un núcleo más profesional.

Ane Mintegui junto a su entrenador

Fuente de la imagen: Eurosport

Un paso más profesional

Aquí es donde aparece la figura de Alberto Berasategui, ex número siete mundial y una de las personalidades que siguen con más dedicación los circuitos menores. Como el Rafa Nadal Tour, donde Ane brilló en numerosas ocasiones, llamando la atención de un Alberto que sirvió de trampolín para llevarla hasta Valldoreix, donde entrena desde el verano de 2018. Sus padres vieron con buenos ojos su traslado siempre y cuando se cumpliera una condición: que no dejada de lado los estudios. Esa combinación se la iban a brindar en BTT Tennis Academy (con Francis Roig como principal supervisor) y el CAR de San Cugat, donde vive, estudia y entrena. Un esfuerzo diario de mucha intensidad que ya llevaba a cabo en el País Vasco, donde arrasaba en cada torneo que disputaba, sin importar si enfrente había chicas mayores o mejor preparadas. Ahora en Barcelona el compromiso se ha multiplicado, sobre todo con ese trabajo invisible lejos de la pista que tanto peso tiene, aunque hay cosas que no cambian. Mintegi sigue compitiendo con gente más adulta y, por suerte, sigue brillando a un nivel por encima de la media.

“Hasta el día de hoy su evolución ha sido muy buena, Ane ya es una de las jugadoras con más potencial en tenistas de su edad, también al nivel mundial junior. Esperemos que este año sea todavía mejor, ya que tiene cualidades para ello”, nos cuenta ‘Pipo’ Maresma, el entrenador al frente del proyecto junto a David Rodríguez, el preparador físico. “Ella viene de un pueblo de 2.000 habitantes, allí sale a la calle y todo el mundo se conoce. Ahora está en una gran capital como Barcelona y el cambio es extremo, tuvimos unos primeros meses duros donde me la tuve que llevar con mi familia y mis hijas para que pudiera adaptarse más rápidamente. Dejó atrás un entorno muy reducido, aunque empezar a viajar le ha ayudado a ir abriendo su mente y ser menos introvertida. Poco a poco ha mejorado mucho en ese aspecto”, destaca el hombre que la acompaña semanalmente en cada torneo.

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La junior española más prometedora

Pero hablemos de rendimiento, el cual ha llevado a Ane a postularse como la junior española más prometedora del momento. “La veo una jugadora con una fuerza natural desproporcionada, es brutal”, apunta Pipo. “Tiene una solidez de juego que le hace fallar muy poco, apenas regala puntos. Cuando disputaba las categorías juveniles en España, con un poco de saque y a base de correr fue sacando muchos partidos, pocas jugadoras la han ganado en este tipo de torneos. Al hacer el cambio a Barcelona y empezar a jugar el circuito ITF Junior con jugadoras de más entidad nos hemos dado cuenta que con eso no era suficiente, con un saque y correr no bastaba”, compara. “Por sus condiciones, ella se adapta mejor a pistas de tierra batida, al menos hasta ahora. En este comienzo de año (semifinales en el ITF de Traralgon y cuartos en Melbourne) nos ha demostrado que las cosas que hicimos en pretemporada nos han servido de mucho. Ya la hemos visto competir a un alto nivel sobre pista dura. Hemos trabajado mucho el golpe de definición de media pista hacia delante, junto al saque y el resto. De normal, la bola le viene muy bajita porque las rivales le salen un par de palmos, así que hemos practicado mucho el recurso del revés cortado para restarle velocidad al punto”, explica el técnico que más horas comparte con ella.

Tan solo tiene 16 años, en el horizonte asoma una carrera emocionante y en su espalda destaca una historia diferente, peculiar y asombrosa a partes iguales. De dibujar ella misma las líneas de tenis en canchas de baloncesto, a disputar los torneos de Grand Slam en categoría junior. Un salto de altura que da vértigo, aunque la artista lo lleva con la tranquilidad más absoluta. A día de hoy, cada vez que regresa a casa, todavía se deja caer por esos patios que representan el inicio del camino, orgullosa de unos orígenes que le han llevado a este presente. Orgullosa de su tierra y de cada obstáculo superado por seguir fiel a su sueño. En un mundo tan complicado como éste, llegar hasta aquí ya es todo un premio, pero todavía quedan muchos escalones por subir. Súbanse a este barco que su estela ya empieza a dejar huella.

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