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ATP Finals 2019, Tsitsipas-Thiem: Un maestro a prueba de bombas (6-7 (6), 6-2 y 7-6 -4-)

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Stefanos Tsitsipas

Fuente de la imagen: Getty Images

PorAgustín Galán
17/11/2019 a 20:52 | Actualizado 18/11/2019 a 10:24
@Agustin_Galan

Stefanos Tsitsipas se proclamó campeón de las ATP Finals 2019 tras derrotar al austriaco Dominic Thiem en la final por 6-7 (6), 6-2 y 7-6 (4). Tsitsipas demostró una vez más su resiliencia en su tercer partido en tres días tras ceder la primera manga en el 'tie-break'. El griego igualó en la segunda manga rápidamente y en la muerte súbita de la tercera estuvo certero para llevarse el título.

Protagonistas

Stefanos Tsitsipas. Si a alguien le quedaba alguna duda, el griego se ha convertido durante la última semana en el ojito derecho de la afición, no sólo londinense, sino del mundo entero. Su juventud, frescura y desparpajo, unidas a una resistencia admirable en momentos en los que a muchos otros les temblarían las piernas han hecho de este primer título en unas ATP Finals 2019 la consagración definitiva de alguien que está llamado a ser ídolo durante mucho tiempo. Gloria al campeón.

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Dominic Thiem. Subió a los cielos y cayó a los infiernos varias veces en el mismo partido. El hecho de haber disputado el mejor partido del torneo -contra Novak Djokovic- y haber descabalgado a Zverev con relativa facilidad en semifinales lo situaban como el posible favorito al título, teniendo en cuenta que Tsitsipas tenía más carga en las piernas, pero no pudo culminar una semana de ensueño. Eso sí, ya nadie podrá decir tras esta recta final de temporada que Thiem es únicamente un jugador de tierra batida.

Nudo

La paciencia contra la resistencia. Dominic Thiem y Stefanos Tsitsipas hicieron acto de presencia sobre la pista azul del O2 londinense con el revés a una mano por bandera y el deseo de ser el próximo debutante en inscribir su nombre como maestro de maestros en la copa que, junto a la Davis, suponen el fin de fiesta tenístico de cada año. La juventud es una de las señas de identidad que empieza a imperar en las ATP Finals, y daba la sensación de que tanto uno como otro podrían seguir jugando durante una segunda semana al mismo alto nivel que han demostrado en los siete días previos. Como era de esperar, ambos se hicieron fuertes con su saque durante la primera manga. Hubo opciones de rotura, sí, pero la puerta se cerraba rápido y el tie-break era el único escenario posible en el que el primer set tenía que decidirse.

Allí Thiem mostró su ligera veteranía respecto a Tsitsipas (26 años contra 21), ya que golpeó primero. El ateniense fue a remolque, pero consiguió devolver las tablas con 6-6, pero ahí llegó el error más inconveniente posible. Una bola que se perdió por la línea de fondo le dio a Thiem la primera bola de set de la final y ahí no hubo más perdones. Con un 8-6 favorable en la muerte súbita, Austria celebraba que tenía más cerca la maestría de su representante.

Tsitsipas entendió que no podía plantearle el partido igual que a Federer, que tenía que tomar la iniciativa y no esperar que la defensa le diera réditos. De este modo consiguió dos roturas consecutivas que levantó de sus asientos a la afición. Con 3-0, se volvía al punto de partida, convirtiendo el set en una montaña imposible de remontar para Thiem. El de Wiener Neustadt sólo regresó al partido cuando ya iba 4-0 abajo, lo que hizo que el set terminara en unos sorprendentes 26 minutos para que todo volviera al punto de partida.

A nadie se le escapaba que el segundo set había sido una anomalía, pero quedó aún más de manifiesto cuando se vio que el primer juego de la última manga, éste sí con los dos tenistas al 100 %, se alargó 11 minutos, casi la mitad de lo que se tardó en jugar ocho juegos en el anterior. No se podía pedir más, la calidad era máxima sobre la pista, igual que el hambre de victoria de Thiem y Tsitsipas.

La versión desatada de Tsitsipas es un auténtico prodigio, más aún si se tiene en cuenta que en las últimas 72 horas ha jugado consecutivamente con Nadal, Federer y Thiem, tres partidos en los que había muchísimo en juego. Esta vez no iba a mirar atrás, y en su segundo intento consiguió romperle el saque a Thiem. La conquista del título estaba en su mano con esta ventaja, y al austriaco no le quedaba más que imitar a su rival y empezar a jugar a tumba abierta.

Cuando pocos apostaban ya por él, Dominic Thiem demostró que aún le quedaba una vida extra en la final y puso el 3-3 en el marcador tras mucho batallar contra sí mismo y la alta cantidad de errores forzados que fue sumando. Ahora sí, no había medias tintas. Para los dos había llegado la hora de demostrar madurez y entereza, en definitiva: ser un maestro, y así el duelo aterrizó en el tie-break definitivo. No podía ser de otra forma. Hubo nuevamente avances, caídas y resurrecciones en los pocos minutos en los que todo se decidió. Pero Tsitsipas no dio el paso en vano cuando despertó en el segundo set. Había atacado para llevarse el título, y Thiem no pudo hacer nada, el O2 ya estaba de parte del griego, del maestro a prueba de bombas que llegó, vio y venció a la primera.

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