Es obvio que la cantidad de torneos jugados por el manacorí se ha visto drásticamente recortada con la falta de competición desde finales de febrero, hasta que regresara en el Masters 1.000 de Roma en septiembre, renunciando a competir y defender el título en el US Open que acabaría ganando Dominic Thiem, pero las sensaciones a cuenta gotas que ha mostrado en el 2020 son del máximo nivel, siempre llegando como mínimo a los cuartos de final en todos los cuadros en los que ha competido en la presente campaña.

Queda lejos el inicio de la temporada en Australia, donde se estrenaba formato, la ATP Cup y donde se vivía una nueva edición del Open de Australia, que acabaría coronando nuevamente a Novak Djokovic. Precisamente ante el serbio, Nadal caía con el equipo español en la final del nuevo torneo que encumbraba a la selección balcánica, para posteriormente ceder en los cuartos de final del primer Grand Slam del año frente a Dominic Thiem.

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Antes de la interrupción por el COVID19 cuando los tenistas ya enfilaban el camino de Indian Wells, lugar del inicio de la primera gira estadounidense del año, el calendario de Nadal le llevó a Acapulco, donde conquistaría su tercer título (2005, 2013 y 2020), el primero desde que el torneo mexicano pasara a disputarse sobre pista dura en 2014, cerrando una gran semana en la que no cedía ningún set y vencía en la final a Taylor Fritz. Las sensaciones iban in crescendo conforme el manacorí cogía ritmo, mostrándose siempre competitivo en el arranque de la temporada, pero el mundo se paralizó y el tenis no fue una excepción.

Para Nadal, el parón llegó hasta mediados del mes de septiembre, con la vuelta del tenis a Europa, después de que renunciara a jugar en el US Open. El objetivo era claro, conquistar su vigésimo Grand Slam en Roland-Garros, teniendo en cuenta que, debido a los cambios en el calendario, se iba a disputar en unas condiciones climatológicas muy diferentes a las habituales en el verano en París, con calor y un clima más seco. La primera piedra de toque fue el Masters 1.000 de Roma, donde también llegaba con la corona conquistada en 2019, pero un excelso Diego Schwartzman le privaba de poder optar al título en cuartos de final, siendo tres partidos el bagaje con el desembarcaba en París, las victorias ante Dusan Lajovic y Pablo Carreño, y la ya citada derrota frente al ‘Peque’.

La leyenda interminable de Rafael Nadal

Era la edición más adversa para él, con el clima totalmente en contra de su juego, que se nutre de las condiciones para hacer sufrir a sus oponentes con los efectos endiablados de sus golpes liftados sobre la arcilla francesa, pero ni mucho menos se amedrentó el balear de cara a poder conseguir su 13º título en Roland-Garros, igualando los veinte Grand Slams totales que también descansan en el palmarés de Roger Federer. Lejos de contentarse únicamente solo con eso, desplegaba todo un arsenal de juego, de menos a más durante el torneo, para acabar firmando una final antológica, en donde barría de la pista a Novak Djokovic. Levantaba la Copa de los Mosqueteros y volvía a dejar claro que es el rey de la tierra batida, sin importar cualquier tipo de condicionante externo.

Dos torneos le quedaban por disputar, una vez alcanzado el que posiblemente era su principal objetivo postpandemia, el Masters 1.000 de París-Bercy y las ATP Finals, dos cimas todavía sin alcanzar en su ya extensa cosecha de títulos, pero a pesar de que demostró llegar más descansado, adaptándose a las condiciones ‘indoor’ de una mejor manera que en temporadas anteriores, su progresión se veía frenada en ambos casos en semifinales, con las derrotas ante Alexander Zverev y Daniil Medvedev respectivamente, partidos que en ningún caso desmerecen la gran regularidad del español en un año donde lo que menos ha abundado ha sido precisamente eso.

Sus números le hacen un rival temible

Los datos estadísticos de Nadal en 2020 nos muestran más que nunca, que el actual número dos mundial se afianza como el tenista más completo del circuito ATP, con un estilo que puede adaptarse perfectamente a cualquier superficie. Sí que es cierto, que la diferencia con el resto de los jugadores se acrecienta si hablamos únicamente de tierra batida, sin embargo, esta campaña el balear únicamente ha podido disputar dos torneos en su superficie fetiche.

Nunca ha destacado por tener uno de los servicios más potentes entre las raquetas más privilegiadas del mundo del tenis, pero sí que se puede decir que actualmente tiene el segundo saque más seguro. Es posible que el hecho de que sea un punto de los partidos en el que se suele pelotear más que con un primer saque le beneficie, pero lo que está claro es que nadie se acerca al porcentaje del 59% de puntos ganados que le hacen ser el indiscutible número uno en este apartado estadístico. Si a eso le unimos el 75% que gana con sus primeros y a que se lleva el 88% de juegos al saque, hacen de esta arma un punto que ha mejorado muchísimo a lo largo de su carrera.

Rafa Nadal (Masters 1000 de París)

Fuente de la imagen: Getty Images

Porque si hay un aspecto en el que casi no ha fallado en su vida deportiva es que Rafa siempre rinde bajo presión y los números vuelven a reforzar esa afirmación. A pesar de que Medvedev fuera el primer tenista que conseguía remontarle a Nadal un partido este año para meterse en la final de las ATP Finals, el español ha ganado el 90% de los sets que decidían un partido esta temporada y se ha llevado el 36,1% de los juegos donde restaba, nuevamente siendo el mejor del circuito en ambos aspectos.

El juego al resto vuelve a dejar claro que la intensidad de Nadal no te permite bajar en ningún momento la guardia, aprovechando casi la mitad de las bolas de break con las que ha contado y poniendo en juego el 36,3% de primeros servicios de sus rivales, con lo que podemos hablar de que los datos le dejan también como el mejor restador de la ATP.

Unos números que a sus 34 años le han valido para acabar el curso como número dos mundial por detrás únicamente de Novak Djokovic, conquistar dos títulos (Acapulco y Roland-Garros), alcanzar las 1.000 victorias como profesional (lo hizo en el Masters 1.000 de París-Bercy) y los 86 trofeos en su carrera. Una trayectoria de la que podremos seguir disfrutando en 2021 una vez haya contado con un merecido descanso. Porque visto el nivel, queda Rafa para rato.

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