Son varias las claves que hacen de esta temporada sobre la arcilla, una con buenos resultados y sensaciones para Nadal, que firmó en la final del Masters 1.000 de Roma su mejor `partido del curso ante el número uno del mundo, Novak Djokovic, que sucumbió a un estilo más agresivo del español, que le permitió alcanzar su décimo título en el Foro Itálico. Su derecha, la seguridad con el servicio, recuperada tras algunas dudas en sus primeras apariciones después de superar sus dolencias en la espalda, pero, sobre todo, su mentalidad ganadora ha vuelto a poner a Rafa como el hombre a batir en París.

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Seguridad con su saque

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El servicio trajo por la calle de la amargura a Rafa en Monte Carlo, pero con un mayor número de partidos y tras entrar en una velocidad de competición óptima, parece que ha conseguido tacha de la lista de debes la confianza con su saque. La final de Roma frente a Djokovic fue una buena muestra de ello, sumando un 75% de primeros servicios y cometiendo una única doble falta en los tres sets disputados.

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La tierra batida no deja de ser la superficie donde el servicio cobra menos relevancia, sin embargo, es fundamental para la confianza el saber que el saque te puede salvar de algún apuro en los momentos de dificultad. Tres saques directos ante Djokovic y cinco bolas de break salvadas, de las ocho con las que contó el serbio, le permitieron cerrar la final.

Más agresividad, menos peloteo

Las sensaciones de Nadal con la derecha fueron fundamentales en Roma, sumando la friolera de 26 ganadores con este golpe frente a Djokovic. El trabajo de pies del manacorí le permitió explotar el golpeo invertido, que acabó haciendo mucho daño desde dentro de la pista al número uno del mundo.
Curiosamente, el español no quiso entrar del todo en una batalla de peloteo largo, si no que se mostró agresivo y con la estrategia de ir a buscar el ganador, sin tanto desgaste de su rival, lo que acabó permitiéndole desquiciar por momentos al serbio, sobre todo en el desenlace del primer set. Al borde de sus 35 años, esta versión de nadal probablemente es la de un estilo más agresivo de su carrera.

Cuatro torneos, dos títulos

Monte Carlo marcó la vuelta de Rafa Nadal tras dos meses de ausencia del circuito por lesión, donde evidenció una más que comprensible falta de ritmo de competición que fue subsanando conforme pasaban los días. En el Principado, su verdugo fue el ruso Andrey Rublev en cuartos de final, desembarcando una semana después de Barcelona.
El trofeo Conde de Godó no se le iba a escapar al balear tras una épica final frente al número cinco mundial, el griego Stefanos Tsitsipas, que había levantado en Monte Carlo el primer Masters 1.000 de su carrera. Suponía su primer título desde que levantara la Copa de los Mosqueteros en París, el curso pasado, el duodécimo en la ciudad condal.
Los cuartos de final de Madrid fueron su límite ante el alemán Alexander Zverev, al que posteriormente batía en Roma, alzando en la gran final su décimo entorchado en la ciudad eterna frente al número uno del mundo, en una nueva muestra de que nadal vuelve a llegar en un estado más que óptimo a la cita parisina. Con Roland-Garros a la vuelta de la esquina, el trabajo está terminado con nota.

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