Venus, campeona

La estadounidense Venus Williams se ha proclamado campeona del torneo de Wimbledon tras derrotar a su compatriota Lindsay Davenport (4-6, 7-6, 9-7) en un apasionante partido. Davenport ha llevado la iniciativa a lo largo de todo el encuentro, pero Venus l

Eurosport

Fuente de la imagen: Eurosport

LONDRES, 2 de julio. - La estadounidense Venus Williams ganó el título de Wimbledon por tercera vez en su carrera, tras superar una bola de partido y derrotar hoy a su compatriota Lindsay Davenport, que lesionada en la espalda dejó escapar la victoria en la final más larga en la historia de este torneo.
Venus, de 25 años se hizo con el duelo por 4-6, 7-6 (4) y 9-7, en dos horas y 45 minutos, en un tercer set lleno de suspense, de 78 minutos de duración, y el más largo en la historia de las finales femeninas de este torneo desde que en 1949 Louise Brough venció a Margaret Osborne Dupont, por 10-8, 1-6 y 10-8.
La ganadora celebró el título dando saltos en la central, mientras se aferraba con una alegría inusitada a la bandeja de plata, símbolo de su victoria. No era para menos, pues había ganado su quinto título del Grand Slam cinco años después de alzar el primero de sus dos trofeos en el All England Tennis Club, cuando derrotó precisamente a Davenport en la final, y cuatro tras su último triunfo en el Abierto de Estados Unidos.
Lo hizo además en unas circunstancias adversas, pues Venus estuvo a punto de salir derrotada.
Con mucho sufrimiento, pero quizás con menos dolor que el que padeció Davenport, quien sirvió para ganar el encuentro en el duodécimo juego del segundo set, perdiendo el saque en blanco. Luego desperdició una bola de partido en el décimo de la tercera manga, que hicieron despertar a Venus.
En esas dos ocasiones, la veterana jugadora de Palos Verdes tenía ya su espalda maltrecha y apenas corría por la pista central. Davenport había solicitado tratamiento después del séptimo juego del tercer set, aquejada de un fuerte dolor en la espalda que le hizo retirarse al vestuario para recibir masaje.
De vuelta a la pista, todo el buen juego de Lindsay se transformó en un calvario de dolor para ella. Apenas corría, confiaba únicamente en su servicio y su cara reflejaba claramente el dolor que sufría cada vez que intentaba agacharse para contraatacar.
Venus se encontró de regalo con un título que en principio no le estaba destinado. La mayor de las Williams, que había ganado sus tres duelos en hierba contra Davenport sin ceder un set (14-12 para Lindsay), había perdido la primera manga en 33 minutos, y deambulaba en la segunda, arrastrando un bajo porcentaje de primeros servicios y seis dobles faltas con lo que siempre estaba a merced de su rival.
Pero el cielo se abrió para ella cuando más cerca estaba del abismo. Fue en el duodécimo juego, cuando Davenport sirvió de forma desesperada para ganar, y cedió su saque en blanco. Venus aprovechó luego el desempate para hacerse con este parcial apuradamente por 7-4.
En el tercer set, Davenport de nuevo tuvo el partido ganado al situarse con ventaja de 4-2 y servicio, pero su espalda no aguantaba ya los trotes por la central y aunque tuvo una oportunidad para ganar el partido, la dejó escapar de forma lastimosa.
El encuentro transitó entonces de una forma bien diferente. Davenport solo buscaba conservar su saque. Y esa defensa era una muerte anunciada con su espalda bajo mínimos. Hubo larguísimos intercambios, uno de ellos con 27 golpes, y eso terminó por destrozar a Lindsay que cedió su servicio en el decimoquinto juego. Y ahí se acabó toda la historia. El último Wimbledon de la de Palos Verdes se acababa de forma lastimosa. Y Davenport perdía su segunda final de Grand Slam este año ante una Williams, pues en Melbourne su verdugo fue Serena.
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