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Blog Uría: La leyenda de los leones indomables
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Publicado 05/02/2017 a las 22:12 GMT+1
Nada parece imposible en África, porque nada lo es. Camerún batió a Egipto en la final de la Copa África. Cúper sigue con su maldición en las finales.
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Fuente de la imagen: Eurosport
Estadio de La Amistad de Libreville, Gabón. En el palco, dos personalidades de perfiles opuestos e intereses conjuntos: el dictador Ali Bongo y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. No muy lejos, Samuel Eto’o, aquel que corría como un negro para ganar como un blanco, y Roger Milla, aquel matusalén eterno del gol. En la grada, cuarenta mil almas ávidas de goles. Y en el césped, un inesperado menú como final: faraones contra leones indomables. Egipto ante Camerún como colofón de una historia legendaria, la de la Copa de África. Un torneo propio de mitos, ritos y símbolos, donde la pelota convive con apodos eternos: águilas, leones rojos, elefantes, estrellas negras, grullas, gavilanes, leones del Atlas e incluso zorros del desierto. La entrega final llegó a nuestras casas a través de Eurosport, con la excelente narración de José Manuel Díaz y los atinados comentarios de Rubén Fernández y el ex jugador Lauren. Gracias a ellos, pudimos disfrutar de una final apasionante plena en instinto, aventura, cierta anarquía y emoción. El fútbol africano no es el mejor, pero sí el más impredecible. Todo puede pasar en la Copa África. Nada parece imposible, porque en África nada lo es.
La mejor prueba, la caída de algunos favoritos en la carrera por el título (no se clasificaron Zambia ni Nigeria, dos potencias continentales, y cayó Costa de Marfil a las primeras de cambio), como la resolución de las semifinales: Camerún dio la sorpresa eliminando por 2-0 a Ghana, las estrellas negras, y Egipto tuvo que luchar hasta el último instante para doblegar a Burkina Faso, los sementales, en los penaltis. Final inesperada. A un lado del ring, la revelación y el entusiasmo, Camerún; al otro lado, un gigante dormido, Egipto. Los leones indomables, en proceso de renovación tras la deserción de varias estrellas, llegaban impulsados por el seleccionador belga Hugo Broos y por el liderazgo del portero Fabrice Ondoa, meta del Sevilla Atlético. Egipto, favorito, confiaba en el fulgor de Mohamed Salah. Y sobre todo, en la sabia mano de Héctor Cúper. Su fórmula, defensa de hierro, contragolpe eléctrico y poderío en pelota parada. ¿Suficiente para ganar la Copa de África? Era poco menos que imposible que Camerún, sin sus estrellas, pudiera levantar el título. Bastante habían hecho, decían.
Desde el principio, mandó Egipto. Y tras un tanto de El Neny después de una combinación con Salah, acariciaba la gloria. Había marcado y su objetivo era guardar la viña. Tenía todos los triunfos en la mano y aunque Camerún no se rendía, los minutos pasaban. A falta de media hora para el final, los leones cameruneses hicieron honor a su condición: indomables. Moukandjo envió un centro al área y con un cabezazo portentoso, Nicolas N'Koulou, empataba la final. Dice un proverbio africano que el cazador experto no se unta de grasa y se acuesta al lado del fuego. Egipto se durmió junto a las llamas y eso, ante leones hambrientos, suele ser mal negocio. A dos minutos de la prórroga, Aboubakar amortiguó con el pecho un envío profundo, maniobró entre tres defensas, tiró un sombrero y ejecutó como los elegidos. Un terremoto recorría Camerún y un escalofrío, la espina dorsal de Cúper. Su maldición es infinita. Ha perdido todas las finales a partido único que ha disputado, seis, desde 1997: Copa y Recopa con el Mallorca, dos finales de Champions con el Valencia, una Copa de Grecia con el Aris y ahora, una Copa África con Egipto. El triunfo merecido de Camerún fue el comienzo de una noche memorable para los leones indomables, significó el triunfo de Hugo Broos, la consagración de Aboubakar y el motivo de júbilo de mitos como Roger Milla y Eto’o. Bajo el cielo estrellado de Libreville, en el estadio de La Amistad, Camerún rindió homenaje a la leyenda del fútbol negro y a la historia de la Copa África: nada parece imposible en África, porque en realidad, nada lo es.
Rubén Uría / Eurosport
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