Yo soy uno de tantos que, errado, pensaba que el fútbol era el eje sobre el que mundo giraba. Al menos, eso era lo que pasaba en el mío. Por ejemplo, una noche de Champions, de esas con equipos españoles, con sus líos, sus ruedas de prensa, hacía que yo durmiera poco o casi nada, y claro, cuando el despertador sonaba a las cinco menos cuarto de la mañana, imaginaos… Eso sí, yo a las siete, como una rosa. Disimulaba como podía. Al fin y al cabo, esa era mi tarea y mi obligación: despertar a todo aquel que elegía Radio Marca para empezar el día. Echando cuentas, creo que habré hecho cerca de diez mil horas de radio en los últimos quince años, que es como empezar a hablar ahora mismo, y acabar dentro de año y medio. Y las disfruté. Aunque no creo que todas, la verdad
En todo ese tiempo, el fútbol copó buena parte de esas horas de radio. Y por esa misma razón, recuerdo sin cesar una frase que escuché siendo un pipiolo, seguro que con la misma cara de ilusión y de querer comerme el mundo que adivino en algunos de esos becarios con los que he compartido redacción estos años. 1998: Gaspar Rosety (“me gustan los viernes”, siempre me gustarán…) me puso a hacer el Atleti. Y yo era el reportero más feliz del mundo. El caso es que un día convencí a Arrigo Sacchi, entonces entrenador en el Calderón, para que aceptase una invitación para cenar con Gaspar y mis compañeros en Radio Voz. Rosety era un anfitrión extraordinario. En aquel despacho que envidiaría el mismo Gordon Gekko de Wall Street, montó una mesa espectacular, con cocinero allí mismo incluido, justo antes de entrevistarle en aquellos estudios formidables desde los que se veía el Bernabéu, qué en días de partido, parecía de verdad una olla ardiente. Fascinado por estar codo con codo con dos tipos únicos (en el fútbol y en la radio), supongo que debí intentar hacerme el interesante hablando de fútbol como si la vida me fuera en ello. Ahí fue cuando Sacchi me paró en seco. Me recordó la importancia de ponerlo todo en su justa medida, y sentenció: “El fútbol es lo más importante de las cosas que no tienen importancia”. Y tenía toda la razón, por mucho que me haya pasado veinte años negándolo.
Todo esto, para explicar que yo ahora, necesitaba un cambio. Y no solo por mi sobreexposición al fútbol y a todo lo que hay a su alrededor. Veréis, uno de los principales problemas que tenemos los periodistas tienen que ver con una situación atroz, que del mismo modo que se ha llevado por delante a otros sectores de la economía, con nosotros se cebó especialmente. Prefiero hablar en primera persona del plural para explicarme: estábamos tan centrados en contar lo que pasaba fuera, que se nos olvidó mirar hacia dentro. Y claro, así nos fue. Cuando quisimos darnos cuenta, no quedó otra que tirar de amor propio y sacar adelante redacciones esquilmadas por la crisis, y agarrarte a aquello de que “al final todo siempre sale”. Luego, somos tan cándidos, qué por esa satisfacción tras una buena noticia publicada, por ese buen sabor de boca después de un gran programa, nos puede la vocación, llámale ego incluso, y volvemos a empezar como si nada hubiera pasado.
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Claro, que todo esto tiene consecuencias. Cuanto mayor es la precariedad, menos tiempo y recursos para elaborar contenidos de calidad. Para pararse un momento a pensar. Y para hacer las cosas, no tengáis ninguna duda, como a todos nos gustaría. Por medio, aparece lo de la credibilidad. Eso que muchos de vosotros ponéis en duda respecto a una profesión en la que yo al menos, conozco mucha más gente íntegra, profesional, preparada, que individuos que por puro egoísmo, en el más amplio sentido de la palabra, o por sobrevivir, que de todo hay, optó por cruzar eso que algunos puristas llaman las líneas rojas del periodismo. Yo ni estoy para dar lecciones ni lo pretendo. Pero a estas alturas, pocos ya me engañan. Ni los que forofean, nadie les exige tanta sumisión, ni los que pontifican, como si fueran ellos paladines de la única verdad.
Toda esta perorata para contar qué en mi nuevo mundo, el de Eurosport, hay vida. Y deportistas sensacionales, con los que ahora hablo y casi lo primero que hago es pedirles disculpas por no haberles dedicado más tiempo cuando me sentaba delante de un micrófono. Y un montón de gente generosa, desprendida, que sacrifican sus mejores años por una medalla, y a los que solo prestamos atención al verle en el pódium, sin sentir ni la más mínima curiosidad por cómo llegaron hasta allí. Así que eso es lo que me toca ahora. Contar esas historias. Descubrir los porqués de los que triunfan. Y no olvidar a los que quedaron por el camino. Eso, y prometer que nunca más volveré a robaros más tiempo con un post interminable como este. Desde hoy, trescientas palabras serán suficientes, si es que queréis leerlas cada vez que paséis por este blog
Por cierto, esta noche arrancamos las retransmisiones de fútbol sala en Eurosport 2. Pero de eso, mejor que nadie, y por supuesto, mucho mejor que yo, también aquí en www.eurosport.es ha escrito Julio García Mera. Leed esto, que os merecerá la pena.
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