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Caroline Wozniacki, un constante resurgir

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Caroline Wozniacki (Open de Australia 2018)

Fuente de la imagen: Getty Images

PorAgustín Galán
06/12/2019 a 18:38 | Actualizado 06/12/2019 a 18:43
@Agustin_Galan

Siempre que un deportista anuncia a los 29 años que pone punto final a su carrera se tiende a pensar en un adiós demasiado temprano, pero el caso de Caroline Wozniacki es diferente. Con la danesa la sensación siempre ha sido que estaba de regreso cada vez que volvía a levantar un título, cada vez que peleaba por un Grand Slam, la de Odense volvía a resurgir, como un ave fénix permanente.

Hay tres factores que pueden explicar por qué Wozniacki generaba esta percepción en el aficionado. La primera, bastante frecuente en el circuito femenino, es la temprana edad con la que se encaramó al número uno. Con sólo 20 años, Wozniacki ya comprobó en primera persona el sentimiento que genera el número uno del mundo. Entre 2010 y 2012 acumuló 67 de sus 71 semanas como mejor tenista del planeta, lo que hizo que desde entonces no apareciera de forma permanente en la primera plana.

La segunda, también habitual en un amplio número de tenistas, es el número de lesiones. El tobillo y el hombro se convirtieron en partes de su cuerpo que eran tan protagonistas en su día a día como su propio tenis. Ella no pudo hacer de su físico su mejor arma para mantenerse en lo más alto y tenía que sufrir un gran desgaste para mantenerse entre las mejores. La tercera, quizás el punto diferencial de Wozniacki sobre el resto, es que no quiso que el tenis de élite se convirtiera en una burbuja que la aislara del mundo.

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En 2016, Wozniacki alcanzó las semifinales del US Open en una más de sus resurrecciones deportivas. Después de acumular 67 semanas como número uno entre 2010 y 2012, la danesa no había ganado ningún Grand Slam y su última final databa de 2014. Parecía tan lejana la mejor versión de Wozniacki que pocos reparaban en que la danesa hacía vida normal en Nueva York, entrenando no sólo en la Academia de McEnroe como una más, sino incluso utilizando las pistas municipales de la West Side Highway. Los aficionados neoyorquinos disfrutaban en estas pistas del lujo de ver entrenar a una número uno, sin darse importancia, trabajando en la sombra ante su penúltimo regreso.

Ese mismo año su padre ya deslizaba en la prensa danesa que era probable que fuera su última temporada como tenista profesional, dando pistas de que no estaba interesada en tener una carrera larga. Los máximos referentes del país nórdico también parecían esperar desde hace tiempo el anuncio de su paso al costado. “No me sorprende”, decía lacónicamente Peter Bastiansen, icono de Dinamarca en la década de los 80.

Aquel US Open le dio a Wozniacki bastante confianza y también consistencia, aunque no volvió a jugar una final de Grand Slam hasta 2018, cuando alcanzó el partido por el título en el Open de Australia. De nuevo los titulares incluían palabras como resurgir, retorno, vuelta… Llegó a estar fuera del torneo cuando Jana Fett tuvo un 5-1 de ventaja en segunda ronda, pero consiguió levantarlo y citarse con Simona Halep, a la que agotó en una durísima batalla que terminó con la rumana teniendo que ser ingresada en un hospital por deshidratación.

Tardó mucho en quitarse el sambenito de gran tenista sin Grand Slam, pero lo logró ocho años después de su primera aparición como número uno y cuando, nuevamente, se la daba por amortizada. En su discurso de campeona en Melbourne puso en valor el trabajo en la sombra, el que ningún aficionado ve y por el que, en este momento, están pasando una gran cantidad de tenistas que ahora mismo se encuentran lejos de la cúspide: “Nadie sabe cuánto trabajo y dedicación se le pone”. Respiró Wozniacki y entonces sí empezó a perfilar una retirada que se ha terminado confirmando ahora: “Obviamente añadir un Grand Slam a mi currículum es lo que remata mi carrera y la muestra en su totalidad”.

Ya reconocida como maestra de maestras y campeona de un Grand Slam, Wozniacki recibió entonces la noticia de que sufría artritis reumatoide, la enfermedad sobre cuya concienciación va a centrarse cuando cuelgue la raqueta, como anunció en su comunicado de despedida. La artritis no fue óbice para que volviera a levantar títulos como los de China o Charleston, pero sí será ahora su próximo gran rival después de que en Melbourne reciba su última gran ovación. Nos habíamos acostumbrado a que, tarde o temprano, Wozniacki siempre regresaría una vez más, pero ya saldó todas las cuentas pendientes que tenía con el tenis.

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